«Mientras unos ponen en duda nuestros logros, otros dedican su vida a superarlos.» — Luis Alfonso Gámez

El pasado domingo 21 de julio decidí ir al cine para ver Arrobá de José María Cabral, motivado por lo que pude apreciar en el trailer días atrás, pues me pareció muy interesante la combinación de los recursos de historia, ciencia y ficción (sí, por separado).
Como no pretendo ahondar en los detalles, por respeto a quienes no han visto la película, me limito a repetir lo que dije en mi cuenta de Twitter, justo cuando se encendieron las luces de la sala de cine y los créditos de la película comenzaron a rodar, de paso así evitamos matar el gallo en la funda:
Arrobá es ciencia ficción, historia dominicana, humor, crítica social y hasta síndrome de Estocolmo de ñapa. Excelente @josemariacabral.
— Henry Hidalgo (@HenryHidalgo) 22 de julio de 2013
Se ha dicho mucho de Arrobá, se han vertido muchos comentarios negativos, y yo, con una paciencia proverbial, siento que he escuchado y leído suficiente: «Arrobá es una mierda», «Arrobá promueve la violencia», «Arrobá es la peor película de José María», entre otras perlas.
Mi parecer es diametralmente opuesto: inteligente y audaz, Arrobá es, tal vez, la película mejor pensada en la historia del cine dominicano. Si mi opinión no es de su agrado (no tiene por qué) puede abandonar la lectura aquí, para que no sangren sus ojos ni vomite la bilis, y de paso contribuya al gigantesco monumento a la intolerancia.
Esta entrada no pretende ser una apología a quien considero ser el director de cine más osado que ha parido nuestro país, mucho menos hacer un recuento de su trabajo. Si lo hiciera, los riesgos de ser crucificado con la misma inquina con la que se ha pretendido crucificar al joven director aumentarían de manera exponencial.
La finalidad de estos comentarios es defender a Arrobá con igual fuerza con la que otros la han despotricado, porque pienso que no se ha sido justo con este gran esfuerzo (con la irreversible consecuencia de no ser feliz por ello), tal vez por lo inteligente y bien estructurado que está. Si nadie se ha detenido a decir las cosas como son, esta es la oportunidad.

Con Arrobá, José María explora aspectos de la ciencia como nadie se había atrevido a hacer en el cine dominicano, en un repaso, a veces de modo reflexivo y filosófico, otras tantas con hilaridad e ironía, a distintas etapas de la historia dominicana, con una suerte de distorsiones de los hechos propia de los guiones más acabados del cine de ciencia ficción, justificando con sorprendente precisión cada incursión en el espacio-tiempo.
Inquiere —Se trata de eso, ¿no?— en la incomprendida hipótesis de los agujeros de gusano, disponiendo de ella y desafiándola; en la absurda preeminencia de algunos grupos de la especie humana; hasta da sus pinceladas a la paradoja de Schrödinger y su gato, el mismo que no le cae bien Stephen Hawking, según se comenta.

Así como muchos tienen el derecho de decir cosas negativas de Arrobá, es mi derecho defenderla, apoyarla hasta con mi nombre de usuario en Twitter, elogiarla y, desde luego, estar en desacuerdo con los que sin contemplación la han atacado, por tanto no espero aprobación ni aplausos por lo que aquí expreso.
En lugar de dedicar energía a magnificar los defectos —que los tiene— prefiero decir que Arrobá es un filme con muchos aspectos valiosos que merecen ser resaltados y que deben ser descubiertos por cada cual en la medida de sus posibilidades.

Fuera de los detalles técnicos y las actuaciones (dejo la cancha abierta a expertos y gurús en estas materias) o de las imprecisiones de realismo científico en que pudiera incurrir Arrobá, el paso dado por José María Cabral es, a mi juicio, un loable intento de un cine diferente para esta patria de medias verdades y comentarios alegres, atiborrada hasta el colmo de desdén.
Dejemos que fluya la imaginación de nuestros directores, y exploremos con ella lo que podría llevarnos bien lejos en el tiempo y el espacio, abandonando la sempiterna contemplación del ombligo.
Como el sol, Arrobá tiene sus manchas, pero su resplandor puede dejar ciegos a quienes cubren sus ojos con predisposiciones.
