«Confinar nuestra atención a cosas terrestres limitaría el espíritu humano». — Stephen Hawking
Es común hallar en medios de comunicación (y en el público en sentido general) usos inapropiados de los términos que dan título a esta entrada.
Recientemente ocurrió con el meteoro de Cheliábinsk, Rusia, en febrero de este año, cuando mucha gente denominó como «meteorito» el fenómeno luminoso, sin saber si el objeto que impactó contra la atmósfera a más de 64,000 kilómetros por hora (18 kilómetros por segundos) resistió la fricción, de modo que algunos de sus fragmentos pudieran llegar a tierra.
Aunque nada puede evitar que se repita ad infinitum esta mala práctica, es importante que hagamos unas pequeñas observaciones.

El sistema solar está repleto de cuerpos, el mayor de ellos, el Sol, comprende el 99.98 % de la masa de todo el sistema, el resto se reparte entre planetas y sus satélites, meteoroides y asteroides (cuerpos mayormente rocosos), planetas enanos, plutoides (planetas enanos más allá de la órbita de Neptuno), polvo cósmico, objetos transneptunianos (con tendencia a ser más gélidos que rocosos, algunos de hasta 2,000 kilómetros de diámetro) y cometas.
Los meteoroides son cuerpos menores del sistema solar, como los asteroides, aunque de tamaño inferior a estos últimos ya que escasamente llegan a los 165 pies (0,05 kilómetros) de diámetro. Orbitan alrededor del Sol pero no son planetas, planetas enanos o satélites, tal como se desprende de la resolución 5A de la Unión Astronómica Internacional de su Asamblea General de agosto de 2006.

Cuando un meteoroide entra en contacto con la atmósfera de la Tierra, como ocurre en las lluvias, la presión de choque eleva su temperatura, dejando a su paso una brillante estela. En esta etapa el meteoroide pasa a llamarse meteoro, un fenómeno conocido popularmente como estrella fugaz.
Cuando el meteoroide (ya en fase de meteoro) no se desintegra totalmente en las capas superiores de la atmósfera el remanente que llega a tierra se denomina meteorito.

Los términos meteoroide, meteoro y meteorito son utilizados para referirse a las tres fases por las que atraviesa el mismo objeto. Una analogía la encontramos cuando hablamos de rayo, relámpago y trueno, donde el primer término se refiere a la descarga eléctrica, el segundo el efecto luminoso y el tercero el efecto sonoro; todos son conceptos para las distintas etapas del mismo fenómeno atmosférico.*
