Henry Hidalgo · 14 de septiembre de 2012 · 4 min de lectura
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«El cielos nos llama. Si no nos destruimos a nostros mismos algún día nos aventuraremos a las estrellas». — Carl Sagan
El 20 de diciembre de 1996 las complicaciones de la mielodisplasia —enfermedad que de no tratarse conduce a la leucemia— le ganaban la batalla a Carl Sagan. Apenas fue testigo del lanzamiento, dieciséis días antes, de la misión Mars Pathfinder, que incluía un aterrizador, oficialmente denominado Carl Sagan Memorial Station, y el pequeño rover Sojourner.
El doctor Sagan fue un abanderado de la exploración a Marte. Como científico invitado del Jet Propulsion Laboratory de la NASA participó de las misiones del programa Mariner en los años 1960 así como también del programa Viking durante la segunda mitad de la década de los 1970. Estas misiones nos permitieron conocer tanto sobre Marte que se abrieron las puertas para dejar en su superficie al rover Sojourner, en 1997, y más adelante, en 2004, a los rovers Spirit y Opportunity, cuyos descubrimientos, nos atrevemos a asegurar, Carl Sagan habría disfrutado mucho.
Carl Sagan posa junto a un modelo del aterrizador Viking, 26 de octubre de 1980. (NASA)
Ahora que el rover Curiosity es un tema recurrente en las redes sociales, impulsado por la enorme cantidad de usuarios de Facebook y Twitter, es bueno recordar las palabras de Carl Sagan a los futuros exploradores del «mundo de maravillas», como él solía denominar al planeta rojo. Este mensaje, grabado cerca de la Universidad Cornell en New York, refleja su anhelo de, al menos, ser testigo de la llegada del ser humano a Marte, algo que en la actualidad no se proyecta tan distante y podría ejecutarse en algún momento a mediados de la década de 2030.