Ciencia · Física

La gravedad, por ejemplo

Henry Hidalgo · 14 de junio de 2012 · 2 min de lectura
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«El que puedas predecir algo no quiere decir que entiendas los principios fundamentales que lo rigen». — Charles Seife

Johannes Kepler (1571-1630) cuestionó la influencia de Sol en el movimiento de los planetas, luego de modificar las órbitas concéntricas del sistema de Nicolás Copérnico (1473-1543). Se había percatado de que los planetas aceleraban cuanto más cerca estaban del Sol, mientras que, al hallarse más lejos, sus movimientos eran más lentos. Una extraña fuerza mantenía esa danza planetaria.

Galileo Galilei (1564-1642), en los últimos años de su vida, buscaba respuesta a esta interrogante no resuelta por Kepler en uno de sus famosos ejercicios con bolas, en el que pudo observar que dos objetos, al dejarlos caer de cierta altura, viajaban a la par independientemente de su masa. Planteaba con esto las propiedades de los objetos al caer.

Estatua de Newton en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. (CLAIRE PARFREY)

Le tocaría a Isaac Newton (1643-1727) llevar las informaciones de Kepler y los experimentos de Galileo a otro nivel. Gracias a sus ecuaciones y una genial comprensión matemática del universo, formula las leyes que rigen el movimiento y la gravedad, aunque nunca aclaró qué provoca esta última.

En palabras simples, la gravedad queda resumida en: masa atrae masa (la atracción del Sol a los planetas, los planetas a sus satélites, etc.) y mientras más cerca, mayor la atracción, por eso los planetas aceleran cuanto más cerca están del Sol.

Desde Copérnico hasta Newton hubo grandes interrogantes a la naturaleza y se dejaron en el camino algunas cosas que terminaron siendo comprendidas por otros.

Albert Einstein (1879-1955) sumó mucho a estas cuestiones en su teoría de la relatividad, sin embargo aún faltan respuestas que ofrecer, a la gravedad, por ejemplo.

Albert EinsteinAstronomía