Astronomía · Ciencia

El mismo cielo entre desconocidos

Fuimos capaces de mirar con emoción el insondable misterio del universo
Henry Hidalgo · 18 de julio de 2025 · 2 min de lectura
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Imagen multiespectral de la nebulosa del Cangrejo. ( STScI )
Imagen multiespectral de la nebulosa del Cangrejo. (STSCI)

«Somos una forma en que el universo se conoce a sí mismo». — Carl Sagan

En el año 1054 de nuestra era, una luz apareció de manera repentina en el cielo. Fue tan intensa que se mantuvo visible de día durante más de tres semanas, y de noche por casi dos años1.

No se trataba de una estrella nueva. Lo que los antiguos vieron fue la explosión de una supernova: la muerte de una estrella ubicada a unos 6,500 años luz de la Tierra.

El colapso de esa estrella pudo contemplarse en una región del espacio que hoy conocemos como la constelación de Tauro, y su resplandor en realidad había ocurrido alrededor del año 5446 antes de nuestra era.

Los astrónomos chinos de aquel entonces la describieron como una «estrella invitada»2, y tenían tanta precisión en la observación del cielo3 que ubicaron la supernova dentro de un grado de su posición real, además de dejar constancia de su duración y brillo aparente.

También hay evidencias en registros japoneses (aunque menos detallados), referencias árabes que podrían aludir al fenómeno4, y posibles representaciones en petroglifos de pueblos nativos americanos5.

En Europa hay documentos que podrían hacer referencia al evento, aunque su lenguaje es más ambiguo y menos riguroso desde el punto de vista astronómico6.

Ninguna de estas culturas tenía contacto entre sí, pero todas vieron lo mismo, y el cielo fue su puente.

Aquel cataclismo estelar nos dejó un remanente de gas conocido como la nebulosa del Cangrejo7, una nube fantasmagórica que brilla débilmente en el cielo nocturno. Su magnitud aparente (8.4) requiere al menos un telescopio pequeño para detectarla.

Para mí, lo más extraordinario de esta historia es la coincidencia entre desconocidos: civilizaciones separadas entre sí que alzaron la vista al mismo cielo y se conmovieron ante la misma luz.

Probablemente esto dice más sobre nosotros que cualquier registro antiguo, ya que incluso separados por el tiempo, cultura o territorio, fuimos capaces de mirar con emoción el insondable misterio del universo.

Referencias

EstrellasCarl Sagan