
Aquel viernes de junio de 1405, próximo al mediodía, algunas aves ya habían regresado a sus nidos y en pocas horas el cielo estaba tan oscuro que muchos habitantes optaron por emular a los pájaros y decidieron guarecerse en sus bohíos.
A medida que avanzaba la mañana algunos taínos, que notaron los cambios en el ambiente, procedieron a afilar huesos para crear espátulas vómicas. Algo extraño estaba ocurriendo, por ello los behiques hacían los preparativos para el rito de la cohoba. Necesitaban comunicarse con sus dioses y encontrar respuestas a lo que sucedía.
El caos comenzó a apoderarse de los habitantes. Se escuchaban gritos por doquier, un caos indescriptible.
Aquellas horas de tanta confusión en las que el cielo ennegreció algunos habitantes perecieron por diversas causas; unos por infartos otros prefirieron el suicidio, pero la gran mayoría fue paciente y esperó el desenlace. El Sol volvió a brillar. El eclipse había terminado y los «sobrevivientes» agradecieron con sacrificios y areitos el hecho de vivir para contarlo.
No es probable que haya sucedido tal cual, pero de seguro que fue impactante para los taínos ver el Sol desaparecer cuando apenas empezaba el día.
Desde tiempos muy remotos los eclipses han sido fenómenos de extrema admiración para la especie humana. Presenciar el cielo oscurecerse, cuando se trata de eclipses totales de Sol, fue vinculado, entre otras cosas, al castigo de los dioses.
El término proviene del latín eclipsis que significa «desaparición», pues se creía que tanto el Sol como la Luna desparecían en el firmamento.
En realidad los eclipses son la interposición transitoria de un cuerpo con relación a otros. Por lo anterior se concluye que hay eclipses lunares cuando la Tierra se interpone entre la Luna y el Sol, o más específicamente, cuando la Luna atraviesa la sombra que proyecta la Tierra al espacio, un fenómeno exclusivo de la luna llena, aunque es importante destacar que éste no se presenta en todos los plenilunios, dada la inclinación de la órbita lunar, la cual está desplazada del plano de la órbita terrestre en 5 grados y 9 minutos.
Los eclipses lunares pueden ser totales, penumbrales y parciales. En el primer caso la Luna es cubierta por la porción más densa de la sombra terrestre, conocida como umbra, en los penumbrales por la más tenue (penumbra) y en los parciales tanto por la penumbra y umbra, en mayor o menor proporción una y otra.
Debido a la refracción de la atmósfera terrestre la Luna no desaparece en el cielo sino que adquiere, en la mayoría de eclipses totales, un aspecto rojizo o anaranjado.
En el caso de los eclipses solares es la Luna la que se coloca entre la Tierra y el Sol, y contrario a lo sucede con los eclipses lunares, nuestro satélite se encuentra en la fase de novilunio, pero sólo suceden en algunas lunas nuevas, por el desplazamiento del plano orbital terrestre, referido anteriormente.
Los eclipses de Sol pueden ser parciales (el disco lunar sólo cubre una porción del solar) totales (el disco lunar cubre completamente el solar) anulares (el disco lunar es más pequeño que el solar y se percibe un «anillo» alrededor de la Luna) e híbridos, no muy frecuentes, los cuales comienzan como anulares, prosiguen como totales y terminan en fase anular. La mayoría de los eclipses híbridos tienen la característica de anular-total-anular, pero pueden darse casos de eclipses anulares-totales.
Los eclipses lunares ocurren en las zonas del planeta donde ha anochecido, llegando a durar en muchos casos hasta más de 3 horas, además pueden ser observados a simple vista sin mayores complicaciones, a diferencia de los solares que ameritan instrumental adecuado para su observación.
Durante más de cinco siglos la fina sombra que proyecta la Luna en la superficie terrestre apenas ha tocado el territorio insular donde se encuentra República Dominicana, por lo que los eclipses totales de Sol han sido reducidos, de hecho, el último ocurrió cuando aún habitaban los taínos, específicamente el viernes 26 de junio de 1405.*
El próximo ocurrirá el sábado 12 de agosto de 2045, comenzando a las 12:47 p.m., alcanzando la fase total a las 2:09 p.m. y se extenderá hasta las 3:24 p.m.
Nadie con vida ha presenciado desde la República Dominicana un eclipse total de Sol por lo que el eclipse de 2045 será un evento transcendental para los aficionados a la astronomía así como para el público en sentido general, sumado al hecho de que no ocurrirá un eclipse de características semejantes sino hasta el sábado 30 de junio de 2345.
