
«Pero el tiempo sigue fluyendo como un río (una y otra vez) hacia el mar, hacia el mar, hasta que desaparece para siempre, para siempre, para siempre jamás». — The Alan Parsons Project (1980)
En algún punto del 2005, cuando el mundo era otro y yo apenas empezaba a vivir por mi cuenta, descubrí que el 12 de agosto de 2045 se produciría un eclipse total de Sol visible desde República Dominicana1.
Lo supe gracias a un magnífico catálogo astronómico de la NASA que reúne cinco mil años de eclipses2, el cual consulté muchas veces con la fascinación de quien aún creía que el futuro era algo distante, medible y hasta intrigante.
Nunca he presenciado un eclipse total. Saber que contemplaría uno en mi país dentro de cuatro décadas me pareció un privilegio cósmico. Era como prepararse para una cita con el asombro que causa lo desconocido.
La fecha me parecía demasiado lejana como para preocuparse. En ese entonces, el 2045 estaba a cuarenta años de distancia. Hoy, estamos justo a la mitad del recorrido.
Ese futuro que parecía remoto ya casi está aquí. Pero no es solo el eclipse lo que se aproxima. Está todo lo demás.
Cuando me enteré de ese eclipse, el iPhone no existía. Facebook apenas gateaba en los pasillos universitarios, y Twitter (hoy llamada X) no era ni siquiera una idea vaga en la cabeza de Jack Dorsey3.
Yo llevaba varios años usando Internet de forma habitual, pero en aquel ahora distante 2005 era una red que aún no nos había colonizado. La usábamos para trabajar o simplemente explorar, no para vivir dentro de ella.
Recuerdo bien cómo era todo en aquel entonces, cuando no existían los teléfonos inteligentes ni las tabletas. La red vivía en un escritorio, no en la palma de la mano. Y ese solo hecho ya condicionaba todo: conectarse era una decisión, no una obligación.
En la oficina donde yo trabajaba por esos años, mi computadora, que contaba con acceso a Internet, era una especie de bien común. Había quienes llegaban temprano, solo para poder revisar el correo o leer alguna noticia. A veces los encontraba navegando en silencio, como quien se instala en una biblioteca recién inaugurada. Había algo de solemnidad en el ambiente.
Ahora, dos décadas después, esa misma red ha empezado a hablar con nosotros en escalas insospechadas. También piensa y crea. Se cuela en nuestras decisiones, redacta textos, imita voces, edita imágenes. Analiza mercados, diagnostica enfermedades. Nos mira, nos escucha, nos imita.
Y los más expertos ya no preguntan si vamos a perder empleos, sino cuántos serán. Algunos dicen que para 2045 sobrevivirán unas pocas ocupaciones humanas: aquellas donde sea necesario el juicio ético, la empatía o la confianza social. El resto, dicen los especialistas, será terreno para las máquinas4.
No sé si en 2045 seguiré siendo productivo. Para entonces, estaré cerca de mi séptima década de vida. Pero lo que realmente me inquieta no es lo que el mundo hará conmigo, sino lo que hará con la idea misma que tengo del futuro. Porque el futuro hace rato dejó de ser una posibilidad y se ha convertido en una cuenta regresiva.
Y entonces, pienso en aquel eclipse que sigue ahí, esperando. Tan fijo, indiferente e inalterable como aquel día en que lo descubrí. Sigue siendo una línea en el tiempo que no ha dependido nunca de nosotros. Un fenómeno escrito en el cosmos mucho antes de que existieran los calendarios o se nos asentara el miedo al porvenir.
Cuando el cielo de Santo Domingo oscurezca5, el mundo ya no será igual a este que vivimos en 2025. Quizás tampoco yo me parezca al que imaginó el eclipse por primera vez en 2005.
Pero hay algo profundamente humano en seguir contando los días. En guardar, incluso lleno de dudas, la esperanza de ser testigo cuando la sombra de la Luna cruce el cielo y por unos minutos el mundo se apague.
Tal vez ese momento nos recuerde, aun en medio de todo lo que la tecnología cambia, que nunca debe perecer nuestra capacidad de asombrarnos.
Referencias
1. Historia y futuro de los eclipses solares que han pasado y pasarán por República Dominicana — Diario Libre ↩
2. Five millennium catalog of solar eclipses — NASA ↩
3. X social media platform — Britannica Money ↩
4. AI expert says most jobs could disappear by 2045, only politicians and two others will stay — India Today ↩
5. 12 August 2045 — Total Solar Eclipse — Santo Domingo, Dominican Republic — Time and Date ↩
