Ciencia · Sociedad y cultura

Ciencia y displicencia

Henry Hidalgo · 22 de septiembre de 2013 · 2 min de lectura
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«El redescubrimiento del cosmos es un derecho de todo niño en cualquier cultura y tiempo». — Carl Sagan

Hace algunos días, una persona de una dilatada carrera en los medios de comunicación me dijo en tono irónico, casi burlesco, que lo que escribo a la gente no le interesa. Decidí devolver el dardo y le dije que tenía razón, pero que yo estaba acostumbrado a la displicencia del ser humano hacia los temas de la ciencia. Nada extraordinario me llevó a esa conclusión.

Un poco de información sobre algunos procesos ha sido suficiente para entender que la ciencia nunca ha captado la atención de las multitudes desde tiempos inmemoriales. Pretender que lo haga en estos tiempos de tanta banalidad sería un suicidio.

Desde la primera vez que escribí un artículo de ciencia en este medio, en abril de 2005, por los comentarios recibidos se hizo notorio que debía concentrarme en la producción de contenidos sin expectativas de ningún tipo y que torcer años de indiferencia colectiva hacia temas trascendentales (sí, porque gracias a la ciencia nuestra especie ha trascendido) no era mi rol.

Aquí en Horizonte Aparente se comparten, entre otras cosas, los pocos conocimientos acumulados y algunas ideas, a sabiendas de que, donde la diversidad es la regla, la excepción es, a veces, un chiste de mal gusto.

Cansado de sonreír a los fotógrafos el día de su cumpleaños 72, y ante la insistencia de Arthur Sasse de que también lo hiciera para su lente, justo cuando abordó el vehículo de Frank Aydelotte y su esposa para retirarse, el genio Albert Einstein brindó una de las imágenes más emblemáticas del siglo XX.
Albert Einstein