En su recorrido alrededor del Sol los planetas siguen elipses, no los perfectos círculos concéntricos que tradicionalmente se presentan en los diagramas que ilustran el movimiento de traslación. En un punto del recorrido están más cerca del Sol (perihelio) y en otro más lejos (afelio), tal como lo estableció Johannes Kepler en su primera ley: «los planetas describen órbitas elípticas estando el Sol en uno de sus focos».
El 4 de julio, generalmente, dos semanas después del solsticio de verano del hemisferio norte o boreal, época del año en que los rayos centrales del Sol descansan sobre al Trópico de Cáncer, la Tierra se encuentra en el afelio, separada de su estrella por unos 152 millones de kilómetros.
En el perihelio, que ocurre de manera general el 4 de enero, la distancia es de 147 millones de kilómetros y se produce dos semanas después del solsticio de invierno, cuando los rayos centrales del Sol apuntan hacia el Trópico de Capricornio en un ángulo de 90 grados.

Se calcula que la energía solar que llega a nosotros durante el afelio es un 7 % menos intensa que en el perihelio, por lo que cabe preguntarse ¿qué provoca tanto calor en el verano boreal si la Tierra está tan alejada de Sol?
Para explicar este fenómeno no basta con ceñirse al caos reinante de la atmósfera, a los vientos, a las corrientes marinas, al tipo de suelo o cuan elevados sean, entre otras variables climáticas.
Cuando la Tierra se encuentra más lejos del Sol recibe menos energía, tal como se ha indicado, pero la exposición es mayor, a consecuencia de un desplazamiento orbital más lento durante el afelio, un principio que también fue establecido por Kepler en su segunda ley: «el vector posición de cualquier planeta respecto del Sol barre áreas iguales de la elipse en tiempos iguales».
La tierra tiende a calentarse más rápido que el agua pero retiene por menos tiempo el calor. A diferencia del agua, que demora en absorber la energía del Sol y la disipa lentamente.
El agua es más abundante en el hemisferio sur o austral que en el hemisferio norte, el cual posee la mayor concentración de masas de tierra y recibe toda esa energía durante el afelio elevando las temperaturas en el resto del planeta, una de las razones por las que el invierno austral no es tan severo.
Pudiera pensarse que el invierno del hemisferio norte (que coincide con el perihelio) es compensado por los calientes océanos del hemisferio sur y éste a su vez por el frío de las inmensas tierras boreales.
Sin embargo, justo cuando el termómetro desciende en el norte, la Tierra viaja más rápido y se expone menos a los rayos del Sol, tal como lo establece la segunda ley de Kepler, produciendo, paradójicamente, inviernos rigurosos.
Además, dada la inclinación de 23.5 grados del eje de rotación del planeta, las grandes masas de tierra del norte quedan alejadas de los intensos rayos solares que llegan durante el perihelio.
La disposición de más tierras al norte y de grandes extensiones de agua al sur es una especie de equilibrio térmico para los hemisferios de nuestro mundo al llegar a los puntos extremos en su recorrido orbital.
Consejo: duchas frías, ropa cómoda e hidratación constante, el perihelio llegará dentro de seis meses.
