«Cada átomo en tu cuerpo vino de una estrella que estalló». — Lawrence Krauss
El 2009, coincidiendo con el cuarto centenario de la primera y revolucionaria observación al telescopio de Galileo Galilei, fue designado como el Año Internacional de la Astronomía, cuyo destacable y contundente eslogan nunca he olvidado: El universoes tuyopara que lo descubras. Las negritas son mías.
De mis primeras experiencias con la astronomía una en particular cabalga incansable en mi conciencia y se remonta a mi temprana adolescencia. Contaba con no más de trece o catorce abriles cuando en una noche de diciembre (¿o era noviembre?) me encontré con ella, la constelación, sus estrellas.
Como un techo, lejos, muy arriba, brillaban y señalaban lo pequeño que era (y sigo siendo), Alnitak, Alnilam y Mintaka —nombres de origen árabe que descubrí tiempo después—, las estrellas centrales de la constelación de Orión, y que, lamentablemente, muchos prefieren seguir llamando con el absurdo nombre de Las tres Marías, algo que no pretendo abordar en esta entrada y tal vez nunca lo haga.
En mi soledad, apenas asistido por el tomo 1 de la Enciclopedia Ilustrada Cumbre, el cual contenía un mapa con la posición de las constelaciones y sus estrellas principales, exploré cada detalle de la constelación de Orión durante meses y su movimiento aparente en el cielo, desde el momento en que Rigel y Betelgeuse se asomaban tímidas entre el remanente de luz solar y la oscuridad plena.
Contemplé el esplendor de Orión en las noches de enero y febrero, como a las diez u once, cuando a ella le daba por hacer un nido sobre mi cabeza y, si mal no recuerdo, la espié (con unos mejores ojos que ahora y de los que brotaban una inmensa curiosidad) en unas tres o cuatro madrugadas de agosto, cuando ella abandonaba el resplandor del Sol matutino.
La constelación de Orión se convirtió, justo cuando ignoraba más cosas que hoy, en una minúscula porción del universo que me atreví a descubrir. Veinticinco años después sus estrellas me deslumbran como si la adolescencia no hubiera terminado, y siguen ahí, esperando para que las descubras.

