«No hay conocimiento absoluto, y los que lo afirman, ya sean científicos o dogmáticos, abren la puerta a la tragedia». — Jacob Bronowski
A continuación reproducimos de manera íntegra este exquisito artículo publicado en la revista Selecciones por el doctor Jacob Bronowski (1908-1974), en donde explica de forma muy didáctica el ciclo de vida de un átomo en particular. Tal vez pueda servir de reflexión para algunos que hacen de su vida una oda a la arrogancia.
«Vamos a hacer el retrato de un solo átomo: su aspecto, su nacimiento, su carrera y su sitio en el mundo. Entre los ciento y pico de átomos distintos que existen, parece natural que escojamos el que se encuentra más íntimamente ligado a los procesos vitales. Así pues, tomaré el átomo de carbono, porque de estos átomos están llenas las células de todos los seres vivientes y, hasta donde nosotros sabemos, sin ellos no puede existir la vida en ningún lugar del universo.
Y entre todos los átomos de carbono del mundo, voy a escoger uno que este en el cuerpo del lector, en el cromosoma sexual, uno de los corpúsculos determinantes de la herencia que su madre le trasmitió en el momento de la concepción y de entonces a acá ha permanecido en una de sus células.

¿Cómo es el átomo de carbono? Nadie lo sabe. Nadie sabe cómo es ningún átomo. Son demasiado pequeños para poderlos ver, de modo que más bien lo que debemos preguntar es: ¿Cuáles son las partes componentes del átomo de carbono? ¿Y cómo están unidas estas partes?
Un átomo de cualquier sustancia es la porción más pequeña que es característica de esa sustancia y no de otras; pero todos los átomos, sean de hidrógeno o de oxígeno, de carbono, de oro o de uranio, se componen de las mismás partículas menores fundamentales. De estas, tres son las más importantes: los protones (eléctricamente positivos); los neutrones (eléctricamente neutros) y los electrones (eléctricamente negativos).
Además, todos los átomos tienen esencialmente la misma estructura. En el centro se encuentra un núcleo pesado compuesto de protones y neutrones íntimamente ligados entre sí; y alrededor están los electrones, en perpetuo movimiento, dando vueltas en torno al núcleo de la misma manera que los planetas giran alrededor del Sol.
Lo único que diferencia a unos átomos de otros es el número de partículas de que se componen. Cada uno tiene un número característico. El núcleo de hidrógeno, por ejemplo, tiene un protón: el de helio, dos (y por lo general dos neutrones), y así sucesivamente en la escala ascendente de las 100 clases de átomos que hay en la naturaleza.
En esta escala el átomo de carbono ocupa el sexto peldaño; tiene seis protones y por lo general seis neutrones. En torno a este núcleo giran seis electrones. Como el núcleo tiene carga eléctrica positiva, los electrones que lo rodean eléctricamente negativos, los atraen mutuamente y no hay tendencia a que todo el átomo haga explosión. El átomo que he escogido está constituido de esta manera ¿Pero en dónde reside el carácter del átomo de carbono? En esta estructura ¿qué es lo característico del carbono y de nada más que él?. Por ejemplo, ¿debe tener precisamente seis electrones? No. Es posible que algunos electrones se desprendan, o que se le quiten todos, y sin embargo el núcleo sigue siendo carbono. Entonces ¿tiene que haber exactamente seis neutrones en el núcleo? Tampoco. Hay algunas variedades (isótopos) de carbono que contienen uno o dos neutrones adicionales. El carácter del elemento reside solamente en un número: para ser carbono, el átomo tiene que tener seis protones en el núcleo, ni uno más, ni uno menos.
¿Cómo llegó a formarse el átomo de carbono? ¿Se hizo literalmente por unión de sus partes componentes? La respuesta es afirmativa. Este átomo tiene su historia, y muy sorprendente por cierto. Mucho antes de venir a la Tierra en su viaje cósmico desde los espacios infinitos hasta el cromosoma X, nació en tres violentas etapas.

El nacimiento comenzó en una joven estrella. Una estrella joven es una masa de núcleos de hidrógeno -es decir, de protones- y, como la estrella está caliente, los protones se hallan en rapidísimo movimiento. De tiempo en tiempo uno se estrella contra otro y vence la repulsión eléctrica que existe entre los dos. Cuando esto ocurre, uno de los protones pierde su carga eléctrica y se convierte en un neutrón, y entonces protón y neutrón se unen para formar el nuevo núcleo de una sustancia llamada deuterio, o hidrógeno pesado. Con el tiempo este núcleo capturará otro protón y otro neutrón, y entonces se convierte en un núcleo de helio. Este es el proceso fundamental de fusión que ocurre en las estrellas, mediante el cual el primitivo hidrógeno del universo va formando un nuevo material básico, el helio; y es la primera etapa del nacimiento de los átomos más pesados.
Después de varios centenares de millones de años, la estrella, que ya no es joven, está compuesta casi totalmente de helio. Ahora los átomos de helio empiezan a chocar los unos con los otros. De vez en cuando no chocan dos, sino tres átomos en el mismo momento. Esta es la segunda y crítica etapa del nacimiento, el momento en que el núcleo de carbono nace realmente. El átomo de carbono cuya biografía estamos haciendo nació en virtud de esa extraordinaria coincidencia triple hace miles de millones de anos.
¿Y cómo vino luego a la Tierra? La estrella, a medida que envejecía, continuaba formando con su helio nuevos átomos de carbono y otros más pesados. Al fin, llena de átomos pesados, hizo explosión. Los de carbono y los demás se dispersaron por el espacio y se mezclaron con el tenue mar de hidrógeno que lo llena.
Más tarde, cuando empezó a formarse una estrella nueva de este hidrógeno, absorbió algunos átomos de carbono y de otras sustancias. Constantemente se están formando estrellas nuevas de esta manera; una de esas estrellas nuevas fue nuestro Sol, que se formó hace tres o cuatro mil millones de años. Algún tiempo después, un accidente cósmico sacó del Sol a la Tierra y otros planetas. El átomo de carbono del lector era parte de esa vasta lengua caliente de materia que, al enfriarse, constituyó los planetas. Esa fue la tercera etapa violenta del nacimiento de todos los átomos de carbono que hay en la Tierra.*

Desde entonces, nuestro átomo de carbono no ha cambiado. En ese tiempo ha formado parte de muchas cosas distintas, vivas y muertas, pero siempre ha seguido siendo el mismo átomo de carbono. En un tiempo pudo haber sido parte de un diamante, que es un cristal puro de carbono y nada más. Después pudo haberse desprendido del diamante para unirse a dos átomos de oxígeno y formar con ellos anhídrido carbónico, que a su vez seria absorbido por las hojas de las plantas en el proceso de su respiración, y sería convertido allí en azúcar. Quizá la planta se la comió una vaca. Y un antecesor del lector pudo haber tomado leche de esa vaca o comido su carne, y en la leche o en la carne podía estar el átomo de carbono.
En el cuerpo de ese lejano antecesor, el átomo de carbono fue a dar en uno de sus cromosomas, que trasmiten la herencia de padres a hijos. Con el tiempo vino a ser parte de uno de los dos cromosomas X que llevó la madre del lector y que puede pasar a su hijo.
Si el átomo de carbono está todavía en su cuerpo cuando usted muera, volverá a la tierra, de donde otra vez podrá tomarlo una planta para que se reanude una vez más el ciclo de la vida vegetal y animal.
La próxima vez que este átomo de carbono entre en un cuerpo humano, podrá formar parte de un hueso, una uña o un cabello. Luego puede volver al aire en forma de anhídrido carbónico, y entrar y salir de los pulmones de los seres humanos durante millares de años. En cualquier momento el aire de los pulmones de un hombre contiene 10,000,000,000,000,000,000,000 de átomos, de modo que más tarde o más temprano todos nosotros respiramos un átomo que ha sido antes respirado por cualquier persona que haya vivido -Miguel Ángel, o George Washington, o Moisés. Su átomo de carbono será respirado por algún genio del futuro.
Más adelante, en un porvenir más distante todavía, su átomo de carbono puede entrar en el torrente circulatorio de algún animal que no ha evolucionado todavía. Después quizá regrese al suelo y permanezca aprisionado en algún mineral durante millones de años. Con el tiempo, puede volver a comenzar su ciclo de vida.
¿Terminará algún día ese ciclo? No lo sabemos. Su átomo de carbono, como átomo, no ha cambiado en cuatro mil millones de años y aun más, y no hay razón para que no siga inalterado. Aun cuando la Tierra fuera al fin quemada por el Sol, el átomo de carbono podría volver al espacio y podría absorberlo otra vez una estrella nueva. En una estrella, y solo en una estrella puede desaparecer su identidad. Allí puede ser despedazado por violentos choques atómicos y sus partes pasar a formar otros átomos. Solo entonces terminara la carrera de un átomo de carbono. Lo mismo que usted, habrá muerto como individuo, pero, también como usted, sobrevivirá a su muerte y se convertirá, tal vez, en parte de la vida de un nuevo individuo: en parte de un nuevo átomo con una nueva identidad.»
