«Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias». — Carl Sagan
Olvídenlo. El mundo no terminará el 21 de diciembre de 2012. Prefiero que nos concentremos en el por qué del bochinche con esta fecha y en qué se basan algunos «predictores y profetas del fin del mundo» para asegurar con vehemencia que el 22 de diciembre no estaremos aquí.

Haciendo un poco de memoria, es posible que la fecha sea harto conocida en gran medida por la película 2012, dirigida por Roland Emmerich, que como en otras del mismo género, aborda aspectos científicos muy a la ligera.
El calendario maya
Se ha venido planteando que el calendario maya termina el 21 de diciembre de 2012 y que esto significa el inicio de todo tipo de catástrofes y/o transformaciones para los habitantes del planeta.

En realidad el calendario maya en sí mismo no termina. La fecha en cuestión es el final de un ciclo dentro del calendario y el inicio de uno nuevo, algo que efectivamente ocurre cada año con nuestro calendario al pasar del 31 de diciembre al 1 de enero.
El planeta Nibiru
En la astronomía babilonia, Nibiru es un planeta que gira alrededor del Sol en un período de unos 3,600 años.
Interpretaciones que se han hecho de las observaciones astronómicas de los mayas sobre un cuerpo con las características de Nibiru, sugieren que el 21 de diciembre de 2012 tendremos un acercamiento con este planeta, de casi cuatro veces del tamaño de la Tierra, lo que causaría perturbaciones a su paso por nuestra órbita. Algunos han ido más lejos y afirman que Nibiru es un planeta invisible y que por tanto no ha podido ser detectado.
Nada más absurdo que lo anterior ya que si un cuerpo se acercara lo suficiente como para crear perturbaciones orbitales no tendríamos que esperar hasta el 21 de diciembre para sentir sus efectos, sino que los habríamos detectado con bastante anticipación debido a las influencias que tendría un objeto tan masivo sobre nuestro planeta, aún siendo invisible, tal como se ha venido planteando.*
Tormentas solares
La fecha también ha sido asociada a las tormentas solares, muy frecuentes durante el máximo solar, y que se producen tras una eyección de masa coronal, es decir, una violenta explosión en la parte externa del Sol, cuyas partículas son lanzadas al espacio, y que, en caso de impactar con la Tierra, desencadenarían tormentas geomagnéticas a gran escala.

Aproximadamente cada once años la actividad del Sol aumenta de manera considerable. Este período es conocido como máximo solar, el último de los cuales ocurrió en 2000, y aunque las proyecciones a 2006 indicaban que el siguiente máximo solar debía ocurrir entre 2010 o 2011, observaciones recientes señalan que se producirá durante el tercer cuatrimestre de 2013 y que será el más leve desde 1906.
Alineaciones planetarias
Se ha propuesto que el 21 de diciembre tendremos algún tipo de alineación planetaria, es decir, una configuración en el sistema solar que colocaría a la Tierra en línea recta con el Sol y otros cuerpos, produciendo efectos de marea en nuestro planeta.
La realidad es que no habrá una alineación planetaria para esta fecha, tal como podemos confirmar en el siguiente diagrama, y aunque la hubiera, ésta no tendría ningún efecto sobre la Tierra.

Los únicos cuerpos que sí afectan considerablemente a la Tierra son la Luna, por estar bastante cerca, y el Sol, por ser muy masivo. Fuera de estos, las interaciones gravitatorias con los demás cuerpos del sistema solar no producen efectos de marea.
Cambios en el eje de rotación de la Tierra
Sumado a todo lo anterior, algunos «predictores» han sugerido que el eje de rotación de la Tierra tendrá un cambio abrupto el 21 de diciembre de 2012 y que las consecuencias serán devastadoras.
La verdad es que el eje ha sufrido alteraciones y ha oscilado entre 22 y 24 grados en los últimos 40,000 años, sin embargo, la rotación de la Luna alrededor de la Tierra ha ayudado a mantenerlo estable en poco más de 23 grados, por lo que un cambio repentino sólo pudiera ser posible si la Luna desaparece.**
Inversión de los polos magnéticos
De la misma forma en que se ha sugerido un cambio repentino en el eje de rotación, otros se han suscrito al mito de que habrá un inversión abrupta de los polos magnéticos de la Tierra.
Gracias al estudio de la tectónica de placas se ha podido confirmar la inversión de los polos, debido a las trazas dejadas en las rocas, pero ojo, este proceso demora miles de años en completarse, de hecho, la última inversión ocurrió hace unos 700,000 años y formó parte de más de una veintena de inversiones que se han producido en los últimos 5 millones años.
Una inversión de los polos magnéticos no tendría consecuencias devastadoras para la vida en caso de ocurrir, a lo sumo lo único que tendríamos que hacer es calibrar las brújulas.***
¿Qué esperar?
Que la vida continuará, tal como lo ha hecho desde la primera vez que se predijo del fin del mundo.

Para la realización de esta entrada fueron de mucha utilidad algunas informaciones proporcionadas por Don Yeomans del Jet Propulsion Laboratory de la NASA en este video.
